Vecinos de récord

El matrimonio más longevo de la localidad

 

Gregorio Llanos Bocharán

En el noveno día del noveno mes del año 1920, Baldomera Bocharán daba a luz, en el nº 40 de la calle Calvo Sotelo -actual calle Los Caños-, a Gregorio, el primogénito de los seis hijos que daría a su esposo Jesús Llanos, que junto a los otros cinco hermanastros de un matrimonio anterior de Jesús, conformarían esta familia pozoleña.

Pese a no ser una familia acomodada, tampoco tuvieron demasiados problemas económicos. La pequeña ganadería familiar permitió una vida austera, pero feliz y completa, permitiéndole disfrutar de una infancia dentro de la normalidad de la época.

A la edad de unos 11 o 12 años, la familia arrienda unas tierras de labor en el Montecillo y trasladan su vivienda al campo. Ya con esta edad, contribuía a la economía familiar cuidando de los cerdos, según alguna anécdota, con bastante trabajo por la terquedad y tamaño de estos bichos, y ayudando a sus hermanos en las tareas de pastoreo.

La guerra civil le pilló muy joven, perteneciente a la conocida como leva del biberón, fue llamado a filas con 17 años y destinado en Pozoblanco.
Ésta época, él siempre la ha catalogado de la peor de su vida, en la que pasó muchas fatigas, hambre y dificultades, alejado de su familia y su pueblo.

El regreso de la contienda, sano y salvo, coincidió con el retorno de la familia al pueblo, aunque para él aún quedarían otros tres años más de servicio militar alejado de ella, destinado en diversos puntos de la geografía española, como A Coruña, Alicante, Barbastro (Huesca) y San Javier, en Murcia, donde, a menudo, cuenta con el pecho hinchado como lo ascendieron a cabo. Evidentemente con varias anécdotas de cada lugar.

Debido a su interés, es en este periodo cuando, si era posible y sobre todo de noches, comienza a acudir a un profesor para aprender a leer, escribir, y “hacer cuentas”, mostrando especial interés por las matemáticas y las ciencias, demostrando ciertas aptitudes para ello.

María Sánchez-Herrera Chacón

El 7 de Septiembre de 1921, víspera de la romería de la Virgen de los Santos, evento que marcará su futura y orgullosa devoción a la patrona, venía al mundo en el número 1 de la calle Menéndez Pelayo, María, la segunda de los cinco hijos de Josefa y Lorenzo, y la sexta en la línea familiar, contando a los cuatro hermanastros de un matrimonio previo de Lorenzo.
Durante la primera etapa de su vida, la familia cambió reiteradas veces de domicilio, hasta recalar en un huerto próximo al Calvario. Allí disponían de un lavadero al que iban las mujeres del pueblo a hacer la colada. Pequeños ingresos que junto a los jornales de las recolecciones y las propias cosechas del huerto les permitían salir adelante en su día a día.
Al estar Lorenzo, su padre, con una invalidez que le impedía trabajar, la tarea de sacar la familia adelante recayó entre los hermanos, incluída María, por lo que desde muy temprana edad, el trabajo en el campo fue su día a día. Siempre ha estado al pie del cañón, siendo muy proactiva, diligente y esforzada. Siempre presente el orgullo con que ella nos contaba cómo era la encargada del cuidado del huerto, y bajo la directriz de su padre labraba la tierra y aprendía de él trucos para la obtención de una buena cosecha de patatas.

Para ella, la guerra civil fue un período doloroso con la pérdida de su padre y de su hermano Dionisio en la batalla del Ebro, rememorado siempre con un sentimiento de dolor.

En esta infame época, aún vivían en el huerto, sin embargo, tras un tiroteo junto al calvario en el que por la proximidad sufrieron muchísimo miedo, y con la mediación de su hermano Antonio, alcalde en esa época, consiguieron trasladarse a una casa más céntrica hasta que pasó el conflicto y de nuevo, con más tranquilidad, volvieron a su antigua casa, pudiendo continuar con su forma de ganarse la vida.

Ya con más edad, pasó a ayudar a sus tías y primas en los cuidados de las casas en Ciudad Real y Pozuelo y la venta de los productos que obtenían.

Puesto que el trabajo era más doméstico, era necesario vestir de forma diferente a si fueran a trabajar al campo, como se dice, algo más arregladita, con alguna ropa que le daban sus tías e incluso con un poquito de tacón…

Y llegamos al punto donde se entrecruzan las vidas de Gregorio y María, ya que aunque eran vecinos y se veían a menudo, probablemente, los zapatos de tacón fueran el desencadenante de que Gregorio se fijase en María, ya que siempre nos ha contado que le gustaba cuando la veía que “venía de Ciudad Real tan guapa con sus zapatos”.

El noviazgo duró aproximadamente once años, celebrando su boda el 20 de Mayo de 1951. En este momento contaban 31 y 30 años respectivamente. Viviendo de alquiler y comprando un poco de ganado dieron comienzo a su vida juntos.
Como en todas las familias humildes, la tónica general consistió en trabajar y trabajar, ambos, tanto él como ella, incluso cuando las circunstancias eran propicias, contratando algún jornalero del pueblo para que les ayudase, logrando a base de esfuerzo, comprar una casa, adquirir sus tierrecillas y olivares y ampliar sus rebaños de cabras, ovejas y vacas. Éstas últimas para el negocio de venta de leche por el que más se ha conocido a la familia en el pueblo.

El matrimonio de Gregorio y María trajo seis hijos a Pozuelo, cuatro mujeres y dos varones, de los cuales se recuerda a menudo el fallecimiento del pequeño Gregorio con solo 4 años. Siempre pendientes de que nada les falte, educándolos en los valores de honradez y sacrificio que rigieron sus vidas.
Fieles devotos de la Virgen de los Santos, María pasó con su familia de soltera largas temporadas en un departamento del cerro; y del Cristo de Urda, al que siempre alguna promesa hacía que las visitas fuesen constantes, bien en coche, bien andando. Se pueden contar con los dedos de una mano las romerías en las que no se ha podido asistir con toda la familia al completo a disfrutar de un memorable día de campo familiar y cumplir con la oración y encomendarse con fe a Ella.

Tras más de 65 años de feliz matrimonio, Gregorio y María atesoran una descendencia de 5 hijos, 12 nietos y 4 biznietos. Cada uno de ellos, con mil anécdotas que contar: De cómo esperábamos ansiosos al abuelo a que llegara de recoger el ganado para que nos diera una vuelta en la moto; o la del susto que se llevó cuando vio salir corriendo a un gallo detrás de su nieto; o la de cómo nos enseñaba a jugar a las cartas; o incluso a hacer queso; o el recuerdo de la abuela enseñando a hacer encaje de bolillos, las típicas meriendas de tulipán con azúcar que recuerdan todas las nietas.
La distancia tampoco ha sido un impedimento para que los que estaban un poquito menos cerca, los alberguen igual de intensos, como aquella visita a Manzanares por el nacimiento de una de sus nietas, en la que una niña se siente llena de felicidad, orgullosa de ver como su abuelo va a recogerla a la salida del colegio, por primera vez en su vida, y pasa unos días a su lado.

Pese a ser ya muy mayores, con 97 y 96 años, Gregorio aún atesora cierta buena memoria, pero a cambio ha pagado la vejez con problemas físicos que le han impedido casi andar. Todo lo contrario que María, que pese a conservar una buena presencia física, durante muchos años, ha decaído más en el plano mental. Achaques que no han mermado su amor y compañía estando en todo momento preocupados el uno del otro y complementándose como el matrimonio feliz que han sido, arropados en todo momento por su familia que los quiere. Achaques que no han podido alterar su personalidad, temperamento, modo de ser. Gregorio con su buen corazón pese a su carácter algo arisco, y María, siempre preocupada por el bienestar de cuantos están a su lado, quitándose el bocado de la boca para ofrecérselo al prójimo.

Desde el amor de toda vuestra familia. Os queremos.: Joaquín Sánchez Llanos

 

Otra vecina a la altura de los más longevos

 

Recuerdo Ledesma Reina

Nacida en Villar del Pozo en el frío invierno de 1921. Esta nonagenaria que en estos días se homenajea, pasa su niñez y adolescencia en una finca de guardeses de Argamasilla De Alba, a la que se traslada con su familia a la corta edad de 3 años. La pequeña de 6 hermanos, desarrolla en aquellos años las tareas de una casa donde reinan las estrecheces económicas y el analfabetismo.

Terminada la Guerra Civil, a rebufo de su hermano mayor, afincado ya en Pozuelo, Recuerdo se traslada a nuestra localidad como ama de cría de sus sobrinos. Es en esta época, cuando tras meses de flirteo, entra en relaciones con un joven vecino al que, desde pequeñito y por influencia paterna, todo el mundo conoce ya cómo Chumbeles.

Afianzado el noviazgo en los años grises de la posguerra, esta pareja decide contraer matrimonio un gélido 20 de enero de 1946. Un año y medio después llegaría la primera de sus tres hijos, Rosario, José y Pilar el matrimonio se traslada a una huerta cercana al pueblo donde se combina trabajo y vida familiar.

Desde aquel momento hasta la actualidad, a sus casi 97 años, la vida de Recuerdo ha sido de dedicación a sus 3 hijos y 4 nietos, a los que nos ha regalado grandes momentos de afecto y apoyo a lo largo de su longeva vida.

 

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Author: Ayuntamiento Pozuelo de Calatrava

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